El "BOOM" de los servicios sociales

Fenómeno

Somos vulnerables a nuestra propia naturaleza y los proyectos sociales han de estar basados en ella si queremos que funcionen, es decir, para construir sistemas y estructuras eficientes, los planteamientos han de estar basados en la realidad pura y dura. Hoy en día, muchas personas hacen proyectos en base a una realidad deseada o ideal y, por esta razón, no llegan a contar con la aprobación común e incluso molestan o estorban bastante. La sociedad está plagada de proyectos así que en nada ayudan y para nada sirven, pero la sostenibilidad y existencia de los mismos se debe a un factor artificial y es por el hecho de que, dichos proyectos, han sido impulsados o pertenecen a personas que están en el poder de decidir y gastar. Ocurren cosas así en el sector que se dedica a gestionar la pobreza y la exclusión social. El sector está infestado de proyectos y programas que producen una adicción a la mismas y esta es la razón por la cual se ha de acabar con este panorama para traer un poco de paz y tranquilidad a un colectivo vulnerable. En este sector, el de los servicios sociales, hay una aglomeración impresionante de personas dispuestas a trabajar y, el atractivo de este “boom”, es la persona en exclusión social como el activo más valioso de este mercado. El sector sufre una auténtica burbuja parecida a la inmobiliaria de 2008 que, al haber tanta gente pobre en las calles y en situación de exclusión, provoca una concentración cada vez mayor de supuestos “profesionales” de sectores laborales relacionados o cercanos al mundo de lo social. Aparecen enfermeros, psicólogos, técnicos en rrhh, especialistas en comunicación, coaching, masajistas, terapeutas, y periodistas en otros.

También se ponen a estudiar carreras de trabajo y educación social para luego entrar a trabajar en el sector, los contables, los administrativos y ex funcionarios públicos entre otros. Todos ellos se concentran y se vuelcan desesperadamente en este sector para obtener un trozo del pastel social que les es servido en forma de obediencia y sumisión. Un trozo de pastel así tiene muchas calorías y la liberación energética produce una sobredosis de autoestima, autoafirmación y reconocimiento social. Para la fabricación del pastel se requiere, entre otros ingredientes, gran cantidad de dignidad ajena a muy bajo precio y, viéndolo de esta manera, el colectivo dispuesto a entregarla por tan poca retribución se parece al mercado chino cuya retribución es mínima e insignificante a cambio de suculenta producción. Actualmente este sector sufre un auge impresionante y se necesita de una acción política o social para provocar un crack y pinchar la burbuja porque, si la sociedad espera que pase de forma natural, habrá consecuencias graves sobre todo para el colectivo de usuarios ya que, los concursantes del sector, como instinto de supervivencia, se verán obligados a mantenerse en los trabajos a base de alegaciones ficticias sobre supuestas necesidades por parte de los usuarios y los procesos de reinserción de estos últimos se podrán ver severamente alterados. A esta situación se suma la apertura del grifo de fondos públicos hacia todo tipo de iniciativas dedicadas al colectivo de personas en exclusión. Se financian muchos proyectos y muy pocos sirven de verdad a paliar la situación de sin hogar, más bien se hace mucho gasto público para gestionar dicha situación y no para acabar con ella.

Un poco de memoria. Lo que está pasando ahora en el sector de los servicios sociales es similar a lo que pasó entre los años 2002 y 2007 cuando mucha gente, atraída por el gran atractivo de la especulación inmobiliaria y la construcción, se apartaron de los demás sectores concentrándose todos en uno solo. Tal efecto produjo una demanda excesiva de mano de obra para suplir el vacío generado por los antiguos empleados y fue la mano extranjera que respondió a la oferta; la necesidad fue tal que, tanto en tiempos de Aznar como de Zapatero, se abrían cada dos años las facilidades legales para obtener permiso de residencia y de trabajo. Recuerdo las oleadas de emigrantes rumanos, polacos, búlgaros y marroquíes entre otros, entre 2001 y 2006 que venían a España desde Italia, Francia y demás países para obtener papeles tan solo con un empadronamiento recién hecho. Estos momentos de brecha abierta provocaban la inmigración en masa hacia España, todos ellos teniendo la esperanza y la paciencia de estar listos para la siguiente brecha. La economía española creció tanto que en 2007 llegó a superar a la economía alemana y fue la locomotora de Europa por unos meses siendo, al mismo tiempo, el paraíso terrenal y la tierra prometida para millones de inmigrantes. Así se convirtió España en el gran atractivo para la emigración europea y poco a poco fue llenando sectores enteros de mano de obra extranjera. En sectores como la agricultura, la construcción, la hostelería, la distribución y la mecánica entre otros, apenas se podía ver trabajando a ciudadanos nacionales y dichos sectores se fueron consolidando de tal manera que, una vez producido el estallido de la burbuja, fue casi imposible la recolocación laboral de los nacionales en los trabajos empleados antes del “boom”. Para ilustrar mejor el efecto, imagínense un grupo de personas que intentan subirse unos por encima de otros creando una torre piramidal y mientras hacen eso, crean un llamamiento exterior para una demanda de miembros en la base piramidal. A medida que va creciendo la pirámide se va supliendo los puestos de la base por miembros externos hasta tal punto de que, en un momento dado, la torre se desploma y los únicos que están todavía conectados son los de la base, siendo descolocados los que formaban parte del tronco. Así fue la crisis de 2008 como explicación de forma resumida y no fue según las teorías económicas complejas y descritas por famosos que, según ellos, fueron los mercados financieros y los precios. Fue el factor humano quien produjo el “boom” y el “crack” y suele pasar año tras año a nivel estructural en diferentes sectores e incluso en una zona geográfica determinada. Es un fenómeno social y no económico que se manifiesta cada día desde los procesos de selección para un puesto de trabajo hasta la compra de productos alimentarios provocados por un exceso de rebaja en alguna ciudad en particular. Es la búsqueda del propio interés que provoca la concentración de personas en un mismo lugar y no siempre es el dinero como atractivo principal, pues existe la satisfacción personal y la sensación de superioridad moral obtenidos a costa de la dignidad de los demás como otro atractivo más potente que rivaliza a veces con el dinero. Lo que se obtiene actualmente trabajando en los servicios sociales no se puede comprar con dinero y solo era posible en tiempos antiguos por la existencia de esclavitud y regímenes opresores. La naturaleza de la situación actual que se está dando en este sector social, con retribuciones monetarias muy bajas y a veces cercanas a cero, explica la razón del “boom” que se está experimentando. Si el dinero fuera el atractivo de este fenómeno, no representaría un peligro esta aglomeración de intereses individuales, pero cuando el atractivo es la dignidad de seres humanos, hay un problema muy grave porque alguien se quiere alimentar de la desgracia del otro y no deberíamos permitirlo.