EXCLUSIÓN INSTITUCIONALIZADA: Una enfermedad sociomoral

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La Iniciativa

Conozco muy bien el mundo de las personas marginadas y estoy relacionado directamente con usuarios y profesionales del sector que gestiona esta situación. He fundado la plataforma, he desarrollado las aplicaciones móviles y he redactado los proyectos contra la exclusión, por una razón muy simple; he visto con mis ojos el drama que padecen las personas excluidas. También lo he vivido personalmente y os aseguro que no es agradable la experiencia, pues a raíz de eso, tomé la determinación de intentar cambiar la visión popular hacia el problema de la exclusión y luchar contra las variables que favorece la cronicidad en las personas que lo sufre. El sistema de servicios sociales ha enfermado hace mucho tiempo y voy a ilustrar algunas síntomas de esta enfermedad así como sus más crueles consecuencias, para que vean como está la situación y, qué es lo que encontraría alguien el día que llegue a necesitar auxilio social.

Los recursos

Las formas de gestión que tienen los comedores y los albergues así como los pisos compartidos o concertados, son dudosas por sus efectos y antisociales por sus resultados. Por poner un ejemplo, los profesionales de los albergues, llevan años provocando exclusión, dolor y muerte en muchos miembros nacionales por las formas arbitrarias de admisión y permanencia en los centros. Los criterios de admisión se han alejado mucho de los objetivos para los cuales ha sido creado el sector de los servicios sociales. El sector del servicio social fue creado, en sus inicios e independientemente del país que se trate, por la necesidad urgente de dar cobertura asistencial a los miembros de su comunidad cuya situación es de pobreza severa. Actualmente podemos ver como el sector mismo se ha alejado del objetivo convirtiéndose en un sector de hostelería y turismo para los inmigrantes pobres, creando así un efecto llamada cuya manifestación queda patente en el flujo continuo de inmigración. Los criterios de admisión en los centros, establecidos y puestos en práctica por los profesionales, ya no benefician a los ciudadanos nacionales sino a inmigrantes quienes no padecen ni han padecido la exclusión social así como tampoco sufren las consecuencias de la exclusión en sus propios lugares de origen. No sé lo que entenderán unos u otros por el fenómeno de la exclusión, pero no es correcto atribuírselo a los inmigrantes porque, la razón misma de emigrar hacia otro país, se debe a una alta capacidad de autosuperación personal y, excluyendo el caso de los que huyen de las guerras, los inmigrantes que abundan por los recursos sociales de Barcelona, no cumplen ni en lo más mínimo con las condiciones de exclusión.

Yo mismo

Yo fui un inmigrante de estos que abundan por la ciudad. Hace más de una década que vine a España en tiempos difíciles para papeles y trabajo legal, pues soy nacional de Rumanía y he vivido las tempestades de lo que significa vivir en las calles, no tener papales y buscar un techo o algo para comer. Se lo aseguro que ningún inmigrante sufre la exclusión social y, si algunos lo sufren en alguna medida tras muchos años de estancia, no es lo mismo y ni siquiera algo parecido al sufrimiento de un ciudadano nacional en situación de exclusión. Vivir siendo un excluido, en tu propia ciudad de nacimiento, es de lo más trágico y cruel que se puedan imaginar; es peor que la muerte y pocas experiencias se pueden equiparar en dureza. Si hay una razón por la que la mayoría no quieren volver a sus países, aún estando en albergues, es porque no lo viven mal, pues prefieren vivir esta situación aquí y no en sus países de origen. Es más, jamás irían allí a vivir esta situación porque este pensamiento atemoriza a cualquiera en su sano juicio.

Lex Privilegium

En ausencia de una legislación completa o en ausencia de instituciones y mecanismos que haga cumplir dicha legislación, las entidades y sus profesionales se han apoderado del sector dándole forma y tamaño gracias a un flujo interminable de clientes que en este caso son los inmigrantes. La calles están repletas de ciudadanos nacionales mientras los albergues, programas de pisos y viviendas de Habitatge están llenos de africanos, árabes, rumanos y búlgaros, entre otros. No es justo lo que está pasando y la cronicidad de este error institucional ha llegado a tal punto hasta manifestándose en mitos y creencias urbanas tales como "que los sin techo prefieren estar en las calles" o que " los indigentes no quieren ir a un piso o a un albergue". Por favor! cómo es que hayan profesionales alegando eso y que nadie haya puesto el ojo encima de sus actividades. Qué fácil es lavarse las manos y seguir como si nada. No se han dado cuenta que algo falla en los procesos de admisión, normas de acogida y de compromiso, que de esta manera sólo van a ser aptos los inmigrantes y casi nunca los españoles. A una buena parte de los inmigrantes, al vivir en situaciones precarias en sus países, les da igual acatar normas y dejarse tutelar como niños mientras no les falte un techo y un plato de comida. Utilizando y aprovechando este flujo, los servicios sociales se han hecho exclusivos mediante la selección artificial inducida y cuyo efecto recae en forma de premio y castigo; resulta que unos se merecen más los recursos que otros y nadie se ha percatado de que, tan sólo existen, o deberían existir, los derechos y nada más.

Creo que sí, creo que no, pues sí, pues no, vale, sí, no, no me parece .... Etc

El merito y demérito es la ley, la ley que impera y reina en el sector de los servicios sociales. Casi todos los profesionales son de ideologías políticas de izquierdas y, dadas las circunstancias actuales y la idiosincrasia catalana, pueden imponer sus criterios del merito en la gestión de recursos públicos, dando como resultado, una total exclusión de los miembros españoles por parecer no aptos, incapaces o no hábiles para recibir los recursos sociales. Parece que sólo los extranjeros son merecedores por sus altas capacidades laborales. Ni siquiera se dan cuenta estos profesionales que, haciendo eso, ya no tratan la exclusión social y que la capacidad laboral de los inmigrantes es la razón por la cual han llegado aquí y no la de haber sido excluidos. Los españoles excluidos, al padecer las marcas del infierno por sufrir en carne y hueso la marginación, con sus miserias, sus adicciones y algunos de ellos o ellas con sus locuras, quedan olvidados y rechazados por no encajar o caer bien a los dueños y dueñas del merito.

La soberbia de hablar y decidir por los demás

Cuando una persona de la calle te dice que no quiere ir a un albergue o a un piso compartido, es porque las formas de ofrecerle dicha ayuda o la naturaleza de estas ayudas están fallidas, mal enfocadas, equivocadas en su esencia o diseñadas para otra clase de personas. ¿Porqué no se adapta las ayudas a la naturaleza de estas personas a la de sus circunstancias de vida?. ¿Cómo es posible que las entidades diseñen los recursos de una forma que obliguen a los posibles usuarios a que se adapten a sus características y caprichos, perdiendo la poca dignidad que les queda e incluso la salud?. ¿Qué ha pasado con el servicio público? O es que ya no debería llamarse público sino privado, caprichoso, señorial y tal vez muy delicado y sensible.

Si no sabes vender, no llames clientes a los que sirves o administres algo y, si tu trabajo consiste en dar servicio ¿qué haces allí si no sabes venderlo?

Al parecer, en cualquier otro sector, se da por hecho la responsabilidad personal y corporativa durante el ejercicio profesional; los comerciales deben saber vender adaptando el producto o el servicio a las necesidades del consumidor, los hospitales y los médicos hacen lo mismo hacia los pacientes, las administraciones publicas actúan igual ante los contribuyentes y hasta las fuerzas de seguridad van en el mismo camino avanzando en formas y tratos. ¿Qué está pasando en el sector de los servicios sociales? Al parecer, los profesionales tienen la tendencia y facilidad moral de crear y desarrollar programas en base a sus propias comodidades y no a las de los usuarios. ¿Cómo ha sido y es todavía posible? Pues la fuerza de este estado de cosas proviene de la pasividad del resto, es decir, de los demás ciudadanos contribuyentes. Giran la vista, miran hacia otro lado y no quieren saber nada de este mundo, de como se gestiona y de que manera resulta beneficioso o perjudicial su presencia para la sociedad. El hecho de que el sector de los servicios sociales se haya inmerso en la edad media, radica en en el hecho de que, las demás personas no quieren saber nada de si tienen algún familiar pobre y en caso que lo tuvieran, harían lo posible en no reconocerlo o que los demás no sepan que hay relación alguna. Así de malvados somos como personas, pues somos de la peor calaña posible y nos quejamos cuando nos toca. Las personas que están actualmente en situación de exclusión, antes de que lo fueran, actuaban igual que actuamos nosotros ahora, con ignorancia, con pasividad y sin ningún interés por los que pueda pasarles a las personas excluidas. Un sector descuidado se convierte en un dinosaurio, no avanza más, nadie está dispuesto a modernizarlo o a revolucionarlo, sino todo lo contrario, todos lo utilizan tal cual está y pasan página. Pero, ¿Qué ocurre con las personas que dependen de este sector rígido y descuidado? Pues sufren, sufren ignorancia, apatía y exclusión; la exclusión sufrida bajo el manto de una institución así se convierte en la norma y por consiguiente, la exclusión se torna institucionalizada por refuerzo natural. Un trabajador social puede, tranquilamente, ofrecer una plaza a alguien para que duerma en un antro situado en una zona industrial, bajo multitud de normas y reglas que le despoja de su personalidad y dignidad, y nadie puede cuestionarlo o no hay nadie para hacerlo. Estos mismos profesionales, en su día a día de sus vidas, acuden a todo tipo de servicios públicos en igualdad de condiciones y buena calidad de atención y servicio; pero lo que dan a cambio, ni siquiera se acerca en una décima parte. ¿Qué se está enseñando en las carreras de trabajo social y educación social? ¿Qué clase de profesionales están fabricando allí? ¿Acaso no se les enseña a ser personas responsables para con la sociedad y los derechos de cada ciudadano? No digo que sea culpa de ellos, pero ayudaría un poco concienciar sobre lo crueles que pueden llegar las buenas personas bajo sistemas podridos o faltos de regulación. El libro de Philip Zimbardo con su Efecto Lucifer debería ser manual de obligada lectura y estudio en estas carreras. El autor ilustra perfectamente las consecuencias de la naturaleza humana bajo un sistema no regulado, de escasa regulación o con libertad de actuación. Lo que ha pasado en el sector de los servicios sociales es lo mismo que ha pasado en aquella cárcel simulada de Zimbardo, donde unos buenos chavales, por vestir unos uniformes de carceleros y poder actuar como tales sin instrucciones previas, han introducido sus ideas, pensamientos e imaginaciones para dar como resultado a un régimen de terror y humillación. Si un cliente deja de comer en un restaurante, deja de comprar un producto o deja de utilizar un servicio, es culpa del que lo gestiona, pero cuando una persona destruida mentalmente y aplastada por la sociedad no quiere aceptar un recurso social, la culpa es suya misma y no de los que le proponen dicho recurso. ¿Le parece esto bien? ¿Hay algo de profesionalidad o justicia en esto? Lo dejo a la opinión de cada uno .. Piénsalo bien.

La lotería

Para que un ciudadano nacional pueda entrar en un albergue, piso compartido o vivienda de Habitatge, tiene que esperar un sorteo y normalmente suele estar entre muchos candidatos, unos 50 o 100 inmigrantes. Imagínense esperar una plaza libre en un albergue y, cuando por fin hay una, que los profesionales te digan que hay que hacer cola, o que los criterios son en función de quien no haya estado nunca o en función de condiciones y valoraciones profesionales. Lo mires como lo mires, siempre habrán inmigrantes que no hayan estado nunca y siempre estarán en mejores condiciones mentales, morales y físicas frente a los nacionales. Como he dicho antes, un nacional que vive en la calle de la ciudad que le vio nacer, siempre estará destruido mentalmente y moralmente por la interpretación de decadencia e inferioridad percibida, real o inventada; una persona así, jamás podrá recuperarse bajo el mismo panorama que le hizo hundir y, las enfermedades y adicciones que adquirirá en las calles, siempre lo van a destruir más. En cambio, un inmigrante no pasa nada de eso, es más, se ve en una especie de aventura y, créanme, el ponerse a pedir, a buscar comida de la basura o dormir en medio de una plaza, es inofensivo en cuanto a la autoestima o la seguridad mental. El entorno, al no ser el que le dio la personalidad que posee, siempre será un lugar a explotar creativamente y del que está totalmente desvinculado emocionalmente hablando.

Tu derecho existe en cuanto los demás lo reconocen

No se pueden crear normas y criterios que desfavorezcan a las personas con derecho a ello. Los servicios sociales han vulnerado una y otra vez los derechos de muchas personas quienes ahora mismo están muertos, están muriendo o van a hacerlo en un futuro próximo. A la mayoría se les niega, a otros una vez concedido, se les anula los derechos, porque son expulsados por unos profesionales inmaduros o proclives a la irritación. Por incumplir normas infantiles o hacer tonterías, cosas insignificantes desde un punto de vista razonable, hombres y mujeres se ven arrojados a la calle quedando sus suertes a merced de una varianza incontrolable y cruel. Para ser más claro, las miles de personas muertas en las calles, desde hace una década, lo han sido porque el sistema les ha fallado, la sociedad les ha fallado y parece que a nadie le importa. Nos indignamos mucho ante la pasividad de unos cuando no se meten en una pelea callejera para separarlos o cuando nadie ayuda a una persona mientras sufre un robo en plena calle, pero no nos indignamos ante la expulsión de personas frágiles, con problemas de salud e inestabilidad emocional porque no los vemos y tampoco vemos estos actos. Incluso si llegáramos a verlo, no haríamos nada porque pensaríamos que por algo les pasa eso y en cierto modo se lo merecen. ¿Veis la doble moral que reina en la sociedad? Pues tú, yo, y cualquiera de nosotros, podríamos estar en esta situación algún día y, si nosotros no tendremos esta mala suerte, nuestros descendientes tendrán mayor probabilidad de padecerla que nosotros. ¿Que lugar les dejamos? ¿Qué hacemos por ellos? ¿Vamos a dejarles a que padezcan las mismas atrocidades que padecen muchas personas ahora? ¿Si tendiéramos la mano a los usuarios actuales, veríamos una predisposición constructiva a reparar el error institucional, veríamos que no guardan rencor por haber sido ellos los que pagaron y nos ayudarían a rediseñar las estructuras e impedir que se vaya perpetuando esta enfermedad. Os lo aseguro, pues tan solo hay que dar el paso y estar por la labor de colaborar y aceptar apoyo en igualdad de condiciones, aprovechando la riqueza del conocimiento que ellos puedan aportar.

Esto es lo justo y correcto para ti, pues para mi es otra cosa

Ustedes mismos, pagan impuestos de los cuales han nutrido y nutren el sector de los servicios sociales. Con su dinero, los asistentes sociales y demás actores del sector, disfrutan de sus vidas, dan de comer a sus familias y gozan de una vida llena de dignidad en todos los aspectos. Ahora bien, ellos cogen ese dinero porque se los dan directamente a ellos y a sus entidades sin competir con otras entidades del extranjero, ni siquiera con otras de alguna otra comunidad o municipio. Cogen el dinero por derecho y, si alguna vez, el gobierno pueda fallar, ellos salen en las calles a gritar por los derechos vulnerados y el gobierno enseguida les abren los fondos y les dan incluso algo más. Pero, cuando alguno de ustedes, o un familiar suyo, llegue a la situación de calle y van a los servicios sociales a pedir ayuda, dichas entidades les dirán que hay toda una lista de personas en espera, que no hay plazas porque están llenas o que no tiene derecho a muchas cosas e incluso que no se merecen todavía porque siempre hay otros que se merecen más que ellos. Las personas que se merecen, los que están por delante en la espera, al igual que las plazas ocupadas, serán casi siempre extranjeros quienes no padecen y nunca han padecido la exclusión social. Usted o su familiar quedarán sorprendidos por la impotencia experimentada y nadie podrá ayudarle ya que, ni siquiera sus familiares querrán saber nada porque la sociedad huye de los pobres como de la peste, como si la pobreza fuera contagios. Nadie podrá salir a la calle a gritar por sus derechos y quedará en lo que yo he llamado en un artículo mio " La zona gris", en el lado ciego de la sociedad donde estará invisible para los demás y donde su vida correrá más peligro que nunca.

Resumen esencial

No quiero que me malinterprete porque no soy racista, radical nacionalista o sectario, sino que soy extranjero en este país pero lo considero mi tierra natal aunque no haya nacido en ella. He sido testigo de un drama que alcanza, a mi modo de ver, magnitudes sin precedentes y la exclusión social, antes que todo, es institucionalizada y sistemática. Las entidades se han convertido en seres vivos en sí mismas y han buscado el crecimiento a base de un alimento importado cuyo flujo es interminable. Es una vergüenza que salga en los periódicos la noticia de que, el sector de los servicios sociales es el cuarto o quinto en magnitud para el peso en la economía catalana. Con tantos miembros nacionales arrojados en la intemperie y miles de muertos en el olvido, que salga una noticia así es repugnante y vergonzoso.

Punto y final

Y para terminar, quiero pedirles que visiten mis páginas webs y mi perfil de LinkedIn para conocer mis proyectos y los trabajos hechos hasta ahora. Quiero impulsar un proyecto de sindicato para las personas en exclusión social que les represente, que vigile por sus derechos y que pueda equilibrar la balanza de poder-derecho. También quiero crear un Estatuto del Usuario de los servicios sociales para construir las garantías de derecho para todas las personas que lleguen en situación de exclusión social en el futuro. Que haya una cobertura de riesgo contra la exclusión social. Que se reconozca la contingencia por exclusión y esté recogida dentro del sistema de coberturas de riesgos por la seguridad social hacia una protección social integral. No puede existir seguridad social sin cubrir el riesgo por exclusión. Uno de cada cuatro, según datos estadísticos del INE, estamos expuestos a padecer pobreza severa y esta probabilidad aumentará con los años y el aumento de la población total.

Si no hacemos nada ahora, en el futuro, miles de personas, quienes ahora están bien, van a nutrir las filas de este colectivo y, si nadie corrige el error institucional para la asistencia contra la exclusión, estas personas morirán en la miseria y nadie sabrá el porqué


Barcelona Social - Andrei Cristian Elenei