LA ZONA GRIS: El lado ciego de la sociedad

Todos lo vemos claro, pero como sociedad estamos ciegos

En este artículo, voy a describir un hecho insólito y estremecedor por sus consecuencias derivadas de su misma existencia, y consiste exactamente en la no percepción de alguien por parte de la sociedad. Para no complicarlo en forma de una definición engorrosa, os digo que existe una ceguera social hacia una condición humana determinada. Se trata de un área en el cual dejas de ser percibido por los demás y por la sociedad en general, es decir, que no existes una vez entrado en dicha área y, aunque suene a ciencia ficción, es una realidad para la mayor parte de las personas en situación de exclusión social.

La zona gris, mitológicamente hablando, sería "el inframundo", porque se manifiesta como un mundo dentro y por debajo de otro mundo. En cambio, el lado ciego de la sociedad hace referencia al punto ciego que tenemos todos y está situado a unos 20 centímetros del ojo izquierdo, y hago referencia a este concepto, comparando la colocación de un objeto en esa área del ojo con la colocación de una persona en una situación social determinada. La sociedad es una estructura con personalidad propia y a continuación veremos que, como partes de ella, podremos ser visible o invisibles hacía ella, en función de la importancia que guardamos en relación con las otra partes.

Una persona incluida en la sociedad, por norma general, está vinculada a otras personas en unas relaciones sociales de familia, de amistad, de trabajo o de vecindad entre otras, siendo todas estas relaciones y cada una de ella, muy similares a las ramificaciones de un sistema nervioso que une en sensibilidad a las células de un cuerpo. Las relaciones sociales nos provee ante todo de seguridad vital, porque nuestra actividad, así como la ausencia de ella, son percibidas por otras personas a través de estas relaciones. En ausencia de vinculo social significante, las garantías vitales se ven mermadas y nuestras vidas peligran más que nunca. A continuación, explicaré mejor el concepto del presente artículo, ilustrando la situación de la exclusión social, mediante el siguiente dilema que he desarrollado hace mucho tiempo.

El dilema de José
  • Imagínense a un tal José, quien vivió mucho tiempo en las calles y que, ahora estándo en un albergue, decide renunciar a la plaza o le echan los profesionales por incumplir alguna norma de convivencia. José se va a la calle, y a partir del momento en que sale por la puerta, para el personal del albergue, él es una persona más que se fue y que estará muy bien gracias a su experiencia callejera, para su familia no es más que una vergüenza y un vagabundo que malvive por otras ciudades, y para el resto de personas que lo puedan conocer es una persona sin hogar que estará por alguna parte. Como podemos observar, la existencia de José es irrelevante y, al igual que el ojo humano intenta suplir el punto ciego con información cercana, dando color y noción de realidad, de la misma manera suplen las personas la invisibilidad de José, quien está en la zona gris, es decir, que está excluido socialmente y los demás dan por hecho una información especulada y con una cómoda noción de realidad. En ausencia de conexión sensible con José, las personas que por alguna circunstancia situacional han estado en contacto con él, recrean de forma inconsciente suposiciones inventadas y sin fundamentos reales; suposiciones que suelen salir en forma de acto reflejo, ante cualquier necesidad de hablar en un momento dado sobre él. Para la sociedad, no sólo que José no existe, sino que tampoco ha dejado de existir, o lo que es lo mismo, que es irrelevante si todavía vive o está muerto. Si José deja de vivir, y su cuerpo es fácilmente identificable, entonces la familia, los profesionales que lo atendieron, y demás personas que lo hayan conocido, sabrán que ha muerto, pero si José muere en unas circunstancias que dificultan su identificación o imposibilitan el descubrimiento de su cuerpo fallecido, entonces nunca ha muerto para nadie, pues todos aquellos y aquellas, quienes lo conocían y sabían de su existencia, llegarán a morir en la vejez y nunca sabrán qué ha sido de él. Puesto que todo ser humano está destinado a morir algún día, si José nunca morirá para alguien, significa que tampoco existió para alguien. Hallado en la situación de exlusión social y expuesto a toda clase de peligros inminentes, José está colocado en una condición de carácter invisible para la sociedad, y nadie se interesará por él cuando se muera, a no ser que alguien encuentre, por accidente, su cuerpo muerto e identificable. En otros casos que no signifique directamente la muerte, si José fuera victima de un secuestro para torturas, trafico de órganos u otra clase de violencia organizada, como su existencia no es importante para nadie, no habría alerta alguna por su ausencia, así como tampoco habría recursos desplegados para su localización. José, dadas las circunstancias de su situación, carece de importancia social en términos absolutos, y por lo tanto, está expuesto a multitud de peligros, porque la sociedad no le protege; José no existe.
Existimos en cuanto nos conocen

Si una persona incluida desaparece un día, los demás se preguntan de su ausencia entre ellos y ellas, por si alguien ha visto o sabe algo de esa persona y, en caso que no la encuentran, se ponen a movilizar multitud de recursos en su búsqueda. En cambio, una persona excluida socialmente carece de relaciones sociales, porque la naturaleza de su existencia ha hecho que nadie se preocupe por él o ella, y la falta de conexión vital y de relaciones sociales, le hace ser invisible a los demás. Siendo invisible y no estando vinculado a una red de sistema nervioso social, que pueda percibir su existencia así como su ausencia, la persona en sí, vive en una zona gris dentro de la sociedad pero desconectada de ella e invisible. Las personas en la sociedad, funcionan como grupos neuronales de una misma mente, y la aparición, cambio y ausencia de alguien o algo, es rápidamente sentido, percibido, juzgado y procesado por los demás. Tal y como se puede intuir, permanecer en grupo es vital y aumenta bastante las probabilidades de éxito, disminuyendo considerablemente las del fracaso. Para que se hagan una idea, la probabilidad de éxito en grupo social, en cuanto a la supervivencia y a la felicidad, no llega al 80% sino que se acerca bastante, mientras que la de una persona excluida socialmente es muy por debajo de la media total. Ante esta situación, resulta que si no estás en cuenta de nadie tampoco dejarás de estarlo para ese nadie, el día que dejes de estar en este mundo.

El territorio de la exclusión social

La zona gris es mortal para muchos, lo ha sido en el pasado, y lo será para muchas más personas en el futuro, si las instituciones no actúan. Es la triste situación en la que viven muchas personas en Bracelona, España y el mundo entero, y es necesario un mecanismo institucional para dar cobertura social, de sensibilidad y de visibilidad, a aquellos o aquellas que carecen de vínculos sociales. Cerrar las puertas del "inframundo", eliminando la ceguera social por medio de programas sociales no caritativos, sería un gran paso para la sociedad en la prevención del riesgo por exclusión social.

Recuerden

La no constancia de actividad y existencia de una persona, es equivalente al desconocimiento existencial por parte de su sistema vital. Un sistema social sano, no produce vida para luego excluirla, sino todo lo contrario, para forjar vínculos constructivos y productivos con ella.

¿Qué podría dar de si misma, una persona colocada en un área de ceguera social?
y
¿Qué clase de sociedad, margina a sus miembros y los dejan morir en la miseria ?


Andrei Cristian Elenei - BARCELONA SOCIAL / ACTUM SOCIALIS