"NO" a la caridad



El concepto por definición, sería la disposición libre o condicionada de productos y/o servicios desde la propiedad privada y, nunca desde la propiedad pública, por parte de unos individuos hacía otros. Aunque la mayor parte de los recursos destinados a la caridad vengan de fondos públicos y los que los administre se comporten como si estuvieran regalando su patrimonio personal, la caridad lo es sólo cuando viene de patrimonio privado; pues lo que esta pasando actualmente no es normal y carece de sentido la forma que tienen estas instituciones a dirigir sus servicios porque administran los fondos públicos de una manera antisocial y sectaria. El gobierno les subvencionan los proyectos porque es su deber de redistribuir la renta según los términos de un estado de derecho pero no va más allá, se limita a destinar los fondos sin exigir gran cosa a cambio y, es un grave error, porque esta actitud también refuerza la caridad, ya que las instituciones se jactan de que hacen una gran labor al pueblo y, por lo tanto, nadie deberá ni siquiera pensar exigirles alguna vez algo o cuestionarlos. Se debe tal situación a un factor cultural e histórico porque desde hace miles de años, la caridad se ha llevado a cabo sin fronteras y con total libertad. La caridad viene siendo, desde hace dos mil años, especialmente para los cristianos, como la capacidad de amar a dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo y, por lo tanto, como la existencia de dioses es irreal e infantil y, sentir amor exagerado por los desconocidos sólo pueden hacerlo los psicóticos o los neuróticos, los que dan caridad a otros, por regla general, no hacen más que alimentar su propia autoestima y amor propio a cuesta de la desgracia ajena. El ejercicio de la caridad exige de un escenario donde, por cada papel caritativo y equivocadamente llamado virtuoso, exista otro papel miserable y comúnmente llamado "mojado", es decir, que la demanda de la caridad no es más que el producto de una fuerza social que presiona a los desfavorecidos por medio de la moral y la actividad institucional a interpretar un rol totalmente falto de dignidad. Los que dan caridad no están por la labor de hacer valerse a si mismos a los que están perdidos y buscan ayuda sino que les quieren como clientes pasivos de sus actos. Una persona normal y activa no les sirve de nada a estos caritativos porque una persona así es independiente o autónoma y, con lo cual, no responden con la sumisión a la necesidad que tienen otros de sentirse dominantes; de hecho, si una persona con criterio propio y autoestima normalmente estable, acude a sus servicios de caridad por faltas económicas o sociales, es cuestionado, juzgado y despreciado continuamente en un intento de acorralarle por todos los lados para arrebatarle así la autoestima o la poca dignidad que le pueda quedar. Actúan de la misma manera que hacen los departamentos comerciales de una impresa para captar y fidelizar a sus clientes, pues primero los buscan y los acercan de mil maneras intentando sugestionarlos y manipularlos; luego, para cuando captan a alguien, intentan hacerlo cliente de por vida y se aseguran por todos los medios disponibles de que el cliente no se les vaya o deje de utilizar su servicio. Imagínese que harían esas instituciones de la caridad si el estado implementaría una estructura para erradicar la pobreza. ¿Que harían las instituciones que se niegan a adaptarse al cambio y a modernizarse acorde a las necesidades sociales actuales? Pues morirían, pero antes se opondrían ferozmente e intentarían adoctrinar a sus usuarios de tal manera que no se les vayan nunca y es probable que puedan lograr eso en una buena proporción de ellos pero no en suficientes como para que el cambio dé marcha atrás. La caridad es tóxica y produce más caridad todavía a medida que se perfecciona en el tiempo. Hacen esto como autómatas, por acto reflejo, como forma instintiva de actuar como si de una ideología política se tratase y ellos fueran los misioneros. Para ilustrar mejor, el punto de vista que tengo con respecto a la caridad, voy a hacer referencia a la novela "Los Miserables" escrita por Victor Hugo que, a mi modo de ver, describe esta situación de coacción caritativa hacía unos por parte de los demás. El autor, fue un auténtico sociólogo que, siendo adelantado a su tiempo, no pudo dejar plasmada de otra forma su visión social mas que a través de sus novelas. Su novela " Los Miserables" es una auténtica obra maestra sobre la exclusión social describiendo a Jean Valjean como el ser humano castigado, desde el nacimiento, por la varianza social y, por el otro lado, al inspector Javert como la personificación de la varianza misma, siendo visible y presente sólo para el personaje principal y, manifestándose hacía él como la voz de la mala opinión pública o la cruel moral de su sociedad; cuando el personaje principal, siendo un exconvicto, logra superar su condición social y se convierte en alcalde, se da cuenta de que, lo único que ha hecho, es pasar al otro bando para formar parte del mismo sistema que lo ha castigado a él anteriormente y sigue castigando a los más vulnerables. Descubre por accidente que algunas personas quedan excluidas socialmente bajo el manto de la institución que él mismo dirigía y decide tomar otra dirección en la vida para no contribuir a ello. Por consiguiente, sufre un despertar de conciencia sobre la naturaleza de la caridad en todas sus facetas y se da cuenta de que está aportando, al igual que los demás, la misma fuerza y carácter a la varianza y, que de esta manera, no iba a hacer nada para reducir su potencia y ayudar a los demás. Nace en él una conciencia de las cosas que le impide vivir y actuar de otra forma que no sea la que le mueve de verdad tomando así la decisión de ir contra viento y marea, aunque le cueste la vida en el intento, para luchar, no protegiéndose a si mismo sino para proteger a otro ser humano recién llegado a aquel mundo. Lo hace, adoptando una niña huérfana cuya madre a muerto por la exclusión social sufrida bajo la institución que él mismo dirigía y, en un esfuerzo por frenar a la varianza negativa que iba a irrumpir en la vida de la niña, decide criarla y darle una educación sana para hacerla inmune a la enfermedad moral al que él mismo fue expuesto y, parece que ella estaba destinada. Tal esfuerzo que hace es una ideal porque la mayoría no haría eso, pues bajarían la cabeza y buscarían su propio interés por una cantidad de miedos que experimentan. El sistema caritativo es tan cruel que al parecer, si nos fijamos en el mensaje principal de la novela, la solución puede venir tan solo de un despertar en la conciencia hacia nuestra existencia social y una voluntad desmesurada para resistirnos a lo inmediato y a lo fácil, es decir, un milagro. La introducción del inspector, como personificación de la varianza, nos hace ver que el autor tuvo conciencia sobre la existencia de esta variable en la sociedad, así como, sobre la caridad como una enfermedad moral que se manifiesta y es visible a través de la dimensión teatral. El autor describe el alcance de la caridad en todas sus formas y pone mucho énfasis en los efectos de la varianza a la que todos aportan esfuerzos para su naturaleza y, cuya fuerza, recae sobre los miembros mas vulnerables de la sociedad en forma de castigos hasta acabar incluso con sus vidas antes de tiempo. Según mi opinión, de todas las obras que existen sobre la exclusión social, la novela "Los Miserables" es la más completa y auténtica de todas, pues ilustra con todo detalle el residuo social en forma de exclusión siendo un producto del ejercicio moral al que todos estamos sujetos. En términos generales, decir "NO" a la caridad, es tomar conciencia de lo que somos, de lo que hacemos y qué es lo que no queremos para nosotros mismos.



Los recursos
 orientados a la reinserción social son ineficaces porque no se construyeron en base a la realidad de la persona que lo sufre sino en base a la necesidad de la persona que lo ofrece, es decir, estos servicios están diseñados desde una perspectiva de caridad y no desde una funcional en cuanto a un problema estructural derivado de la evolución social. Los recursos destinando a paliar esta situación están pensados en ser gestionados desde la comodidad y desde la necesidad de dar lastima y pena a otros, pues, esta necesidad morale existe en la mayor parte de los ciudadanos en países con un alto componente religioso en sus culturas nacionales. El mayor impedimento para una reinserción sana y efectiva  proviene de la existencia de caridad en las instituciones así como en los sentimientos morales de los ciudadanos que, de forma legislativa y ejecutiva, se manifiestan normalmente en forma de opinión pública y costumbre. A raíz de los sentimientos morales surgieron las instituciones de la caridad, al igual que lo hacen la mayor parte de ellas, y surgieron mucho antes de que existiera el fenómeno de la exclusión tal y como lo conocemos hoy en día.

La caridad existió en forma de sistema social desde que el cristianismo contagió los pueblos e incluso antes, pues, la mayor parte de los pueblos antiguos se perpetuaron y sobrevivieron con el tiempo, gracias a una forma de gestionarse a si mismos y a los demás como si fueran ganado. Desde la edad media, la caridad, por parte del poder eclesiástico, era la forma social a través de la cual, explotaban y esclavizaban al pueblo, ya que los que se escapaban a su coacción eran los comerciantes, terratenientes y demás clases acomodadas. Afortunados eran los que pertenecían al ecosistema de la iglesia y existen docenas de testimonios históricos en cuanto a matemáticos, filósofos y demás que pudieron disfrutar de libertad creativa y expresiva perteneciendo al bando opresor. La caridad es perjudicial para las personas de hoy en día pero no siempre fue así.  Dado que en los sistemas sociales antiguos, la tenencia de esclavos era algo normal y corriente, la religión cristiana, como sistema filosófico emergente en aquellos tiempos, trajo una revolución social sin precedentes; hizo que unos vean a otros como iguales y pertenecientes a una misma familia, para cuyo correcto funcionamiento, necesitaba de la solidaridad de todos.  La idea de un escenario tan glorioso, con infinidad de papeles honrados para todos y cada uno de los mortales y, especialmente para los pobres, tuvo mucha fuerza. Pero librar a los esclavos no significó la eliminación de la esclavitud ya que, desde entonces y, hasta nuestros tiempos, la pobreza ha sido y es una condición humana muy presente. En el apartado de la web "El Manifiesto" está bien explicada esta parte de la historia que por norma general se desconoce o se ignora y estaría bien que la gente conozca el lastre medieval que a sobrevivido hasta nuestros días en forma de caridad. La diferencia de condiciones humanas, entre los individuos de aquellos pueblos antiguos, era muy clara a simple vista y, la caridad, irrumpió con fuerza entre ellos dándoles respuesta a una necesidad muy básica del ser humano. Dicha necesidad, cubierta por el manto del cristianismo, era y es, la de controlar y dominar las cosas o el entorno y, muchas veces, el entorno, incluye a otras personas y controlarlas hace que, los que estén al mando, se sientan poderosos y superiores.

La caridad, en su naturaleza, es una institución como otra cualquiera y, como tantas otras, es un ser vivo en si mismo; es decir, ha nacido como institución para paliar una situación de pobreza y, ha madurado tanto desde hace miles de años que, ahora, es muy difícil eliminarla o hacerla dejar de existir. Detrás de una institución así hay miles de personas con miles de historias y con miles de años de experiencia acumulada mediante la gerencia institucional que, perfeccionándose muy bien a lo largo del tiempo, ha tenido como objetivo, estratégico y vital, de convertirse en sistema social imprescindible para el buen funcionamiento de la sociedad. Los seres humanos que componen una institución se asimilan a las células de nuestro organismo de una forma que, cada una de ellas, trabajan de manera conjunta, con un interés propio de supervivencia y, con una misma misión. Cuando una institución aparece, lo hace para quedarse y suele ser para siempre o por mucho tiempo, haciendo de ella, para las personas que la componen, sus fuentes y modos de vida. Es difícil concienciar a las personas, de una institución determinada, que su tiempo ha llegado y tiene que dejar de existir y, por lo tanto, lo que se suele hacer siempre, es cambiar la funcionalidad de dicha institución y para ello se le da una nueva identidad, una nueva meta o misión y nuevos procedimientos y herramientas de gestión. Esta es la realidad que tiene que sufrir la institución de la caridad hoy en día, pues ha de morir tal y como existe para cambiar de imagen y de forma de trabajar así como los objetivos a lograr. Esta institución es un autentico dinosaurio hoy en día y, a pesar de la eficiencia que muchos puedan alegar, a la hora de la verdad, resulta ser una barrera insuperable para todo aquel que intente vivir dignamente y se topa con ella porque, el ejercicio en si de la caridad es de partida doble; es decir, por cada persona con voluntad de distribuir o administrar lastima y pena a otros, hay alguien que aprende a recibirlas y el precio que paga es muy alto. Pocos entienden la importancia que tiene una relación social así, pues el que recibe la caridad, cuando lo hace, no es resultado de su propia voluntad sino que es reducido, por la otra persona, a una condición inferior. Reducir a una persona a la condición de animal doméstico es uno de los actos más miserables del ser humano y muchos lo hacen a través de la supuesta caridad. La necesidad de ayudar a otros mediante la caridad institucional es la misma que la de tener mascotas; aunque es triste verlo así, la razón que mueve a muchas personas a trabajar en la caridad, aún siendo mal pagados la mayoría e incluso sin sueldo, es la necesidad de poder ver y tratar a otros seres humanos como vulnerables y débiles. La satisfacción emocional y moral, que la mayoría experimentan trabajando en este sector, es lo suficientemente fuerte para compensar un sueldo bajo e incluso su ausencia en caso de ser voluntario. He aquí la razón de la existencia milenaria de esta institución, pues no es, la existencia de pobres, su razón de ser sino la existencia de personas sobradas en riquezas materiales o amor propio. La existencia de santos y famosos altruistas radica, especialmente, en la naturaleza y magnitud de una estructura social basada en la competitividad excesiva y los sentimientos morales de carácter metafísico en sus individuos. Los sentimientos morales de una sociedad, normalmente, van cambiando lentamente y, con ellos. las instituciones que sostienen también lo hacen; lo que quiero decir con esto, es que, los sentimientos morales de la sociedad actual han cambiado mucho pero, las instituciones se resisten a seguir el paso, pues la realidad teatral de nuestras vidas nos demuestra que no hay lugar para escenarios con tinte caritativo, que es inhumano dar o recibir caridad desde un punto de vista moralmente digno y, por lo tanto, que nadie debería formar parte de ello por el bien de todos. La realidad de hoy en día nos demuestra que, esta institución es prescindible y, no solo eso, sino que, es perjudicial y dañino para convivencia.

Todos los recursos, desde los comedores sociales hasta albergues, duchas y roperos entre otros, están diseñados para servir a los que los gestionan, aunque, algunos puedan alegar lo contrario por el simple hecho de que los necesitados hacen uso directo, la realidad nos demuestra que los trabajadores también hacen uso directo y viven de la cariad; pues la diferencia entre unos y otros radica en el tipo de necesidad satisfecha. Unos necesitan recursos básicos y los otros en forma de sueldos, reconocimiento social y autoafirmación moral para con sigo mismos. Siempre ha sido así y, los que trabajan en el sector, no quieren ver o creer que, ellos mismos y sus familiares dependientes de ellos, viven y comen de la caridad al igual que los usuarios directos; pues gracias a la existencia de esta estructura institucional, ellos pueden presumir de dignidad y buena vida comprándose cosas útiles como, viviendas o coches, así como incurrir en proyectos de futuro tales como el tener hijos o el disfrute de períodos vacacionales.

Dentro de las instituciones de la caridad, hay una jerarquía fuertemente marcada por la diferencia de condiciones sociales en sus individuos, siendo ricos y poderosos los que están en la cúpula y pobres el resto. Digo el resto porque es así, pues todos los trabajadores de una entidad caritativa son personas humildes y de clase trabajadora en su mayoría con la excepción de los miembros que están en la cúpula; estos miembros son de clase media y suelen ocupar los cargos por herencia o por pertenencia y relación a los círculos sociales de dicha clase acomodada. Los que dirigen esas instituciones suelen estar organizados en curias, subdivisiones o agrupaciones de la iglesia o alguna facción religiosa. Son personas de la escuela medieval con una fuerte convención de su superioridad en cuanto a condición moral y así llamada "espiritual"; no son personas sociables ni están identificados con los valores morales de la sociedad actual, sino que son y se sienten poderosos actuando como tales. Es muy común en ellos el comportamiento señorial y no permiten una relación de igualdad a la hora de opinar o expresar una inquietud por parte de sus subordinados. A menudo exigen todo tipo de formalismos que en nada ayudan y lo único que les importan son el balance anual y la cuenta de resultados. Ellos están al mando por el mero hecho de ser el contacto con los responsables de subministrar subvenciones a la institución, pues son el vínculo directo con los miembros de otras agrupaciones sociales de la clase media que, a su vez, administran los fondos estatales, autonómicos o municipales. La sociedad del poder funciona de una forma y los dirigentes que están al mando de las instituciones caritativas más grandes son personas educadas y preparadas para mantenerse en tal sociedad. Ellos han fundado y mantienen vivas estas instituciones por el propio interés ya que sus rentas anuales son muy elevadas, es decir, un porcentaje muy alto de los fondos que entran a una institución, están destinados a pagar los dividendos y rentas a la cúpula siendo muy común en todas las instituciones el hecho de que, dicha renta, en todas sus formas, sea más de dos tercios del total de rentas. Los miembros que dirigen esas instituciones no son altruistas ni les mueven el lado sensible hacía una causa social y, por esta razón, siempre ponen trabas y barreras a nuevos proyectos e ideas que puedan surgir de sus empleados; a no ser que vean un beneficio claro y garantizado, no toleran otras formas de trabajar o actuar de las que no sean tradicionalmente establecidas. Estos dirigentes tienen falta de visión y adaptación a la demanda, pues, todos los miembros trabajadores que hay por debajo de ellos, están con las manos atadas en cuanto a capacidad flexible de maniobra.

El cambio que necesitan las instituciones de la caridad lo traen sus miembros de clase trabajadora pero la cúpula es una roca difícilmente movible aunque para nada imposible, tan solo han de darse ciertas circunstancias sociales. De la mano de estos trabajadores y asistentes sociales vienen las nuevas y modernas respuestas con respecto a la situación de exclusión social; son ellos los que tratan en el día a día los problemas de las personas necesitadas y han de ser escuchados porque traen el progreso. Los miembros dirigentes, al sentirse ellos mismos dueños de esos fondos que administra la institución, se ven como acreedores de deuda para con los demás y de esa conducta emana una percepción de caridad institucional, pues, los demás no son cocientes de que, los fondos, vienen de los tributos recaudados y solo ven la mano directa que los administra siendo percibida la caridad directamente. La sociedad entera debería librar las instituciones de la caridad de sus cúpulas medievales para ayudar así a los demás miembros de la clase trabajadora a transformar la identidad, objetivos y forma de trabajar de dichas instituciones. La caridad debe morir y ,debe hacerlo desde dentro, para dar nacimiento a otra forma institucional o incorporarse a otra ya existente para ampliar y complementar la capacidad de la misma; hablo de la posibilidad de ampliar la cobertura de riesgos sociales que actualmente esta gestionando la Seguridad Social. Aparte de las contingencias comunes que prevea e intenta paliar esta institución social, creemos que hay una más, y que faltaría cubrirla para dar una cobertura completa y ajustada a los niveles de vida actual y, dicha contingencia, sería el riesgo de exclusión social. Para más información sobre esta propuesta he creado el Blog sobre la "Seguridad Social Integral" y allí, con más detalle, estoy explicando la posibilidad y la necesidad de una reforma legislativa y social en este aspecto de la exclusión.

En resumen, la mayor parte de los estados son laicos y sus instituciones suelen ser fundadas sobre los derechos humanos pero las que se dedican a la administración de la caridad no pertenecen, ni debería formar parte, de la sociedad actual, porque, si lo hace, es gracias a un factor artificial y no natural, pues hablo de estos acuerdos que tienen los estados para destinar parte de los recursos públicos a la sociedad eclesiástica hasta al punto de garantizar fondos importantes por décadas como el que lo hace el famoso "concordato". El pueblo debería levantarse y liberar las arcas publicas de estas ataduras que hacen sangrar las instituciones de derecho y los mantienen a ellos mismo en la pobreza perpetua ya que, la esencia del arte de gobernar de la iglesia, consiste, fundamentalmente, en que los demás vivan y trabajen siendo pobres para poder ganarse un puesto en un mundo infantil e imaginario dejando así la riqueza en manos de la élite. Estos últimos, saben muy bien lo que hay que hacer con la riqueza común y la mayor parte de ellos tienen los dos dedos de frente, pues, lo que hacen, consiste en disfrutar de esta vida lo máximo posible y sacar ventaja siendo oportunista y agresivo. Como pueden ver, no se debería permitir la existencia de escenarios cuyas actividades y desempeño de roles provocan dolor y aumentan la desgracia ajena. Miles de personas han perdido la vida en reiteradas revoluciones a lo largo de la historia con el objetivo de liberar al pueblo del yugo evangélico construyendo así un lugar de convivencia basado en derechos humanos y valores morales independientemente de la presencia social o capacidad económica que pueda tener cada uno de los miembros. La caridad no es digna para nadie, ocupe la posición que ocupe dentro de ella, y no deberíamos dejar que exista algo para los demás que no queremos para nosotros mismos.

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