Un genocidio social

La nación está en deuda para con sus miembros

 

Este punto no trata de nacionalismo, de ideas racistas o de extremismos sino de una realidad y una verdad a simple vista que sirve y es aplicable a cualquier país del mundo. Está muy clara la situación de que, las demandas de plazas y ayudas sociales triplica o cuadruplica la oferta y que, entre más recursos se construyen más demandantes aparecen, pero, si miramos bien la situación, las plazas y ayudas que hay serían suficientes para los miembros nacionales; digo nacionales incluyendo a los extranjeros con ciudadanía española ya que para la obtención de dicha situación han tenido que convivir durante mucho tiempo  con los nativos. El sistema de servicios sociales y los que la conforman, les han fallado a los ciudadanos nacionales en situación de exclusión que, de una forma u otra, han quedado al margen de la atención necesaria. Desde hace muchos años, los responsables de la gestión social han cometido un error humano incalculable y un acto de traición clara. Los trabajadores y trabajadoras del sector, sobre todo en los de primera atención, desprovistos de unos protocolos de selección y admisión para los recursos sociales basados en principios razonables en cuanto a unidad nacional y espíritu comunitario, han producido una selección natural hecha en base a los criterios subjetivos, juicios personales y caprichos de cada uno. Han expulsado o negado servicios a muchos ciudadanos nacionales dándoselas a los extranjeros porque, según los supuestos ambiguos y confusos criterios profesionales, así como los valores personales de cada uno a tener en cuenta, los "profesionales" del sector han tenido que premiar y castigar, a los solicitantes de ayuda, dando como resultado la ocupación de todos los recursos sociales en un 80 % de población extranjera y en algunos lugares la tasa se acerca al 100%. Con esta situación a la vista, las calles están repletas de ciudadanos nacionales que, según la opinión muy cómoda de los responsables del sector, ellos no quieren o rechazan las ayudas. Así de triste está la situación que, no solo que se suele hablar por ellos restándoles capacidad de opinar o decidir, sino que también se acepta esta idea como verdadera e indiscutible. Resulta que, según esta verdad institucional, solo los extranjeros quieren estar en albergues, pisos compartidos y estar atendidos con ayudas sociales y económicas. La experiencia personal me dice lo contrario ya que, yo mismo he investigado y experimentado en primera persona el fenómeno de la exclusión y, me atrevo a decir que, los que están gestionando los recursos sociales cometen un auténtico genocidio social y lo hacen sin siquiera darse cuenta de ello. Han convertido la estructura de servicios sociales en servicios de extranjería porque solo los no nacionales pasan y aprueban los requisitos de acceso a los recursos. Los responsables a elegir, entre quien entra y quien se queda, actúan con ignorancia y no se les puede incriminar ya que ellos mismos están exentos de una regulación seria como la tienen la seguridad social o la educación. Entrevistan y citan a todo el mundo y miden a las personas por sus apariencias, así como por su capacidad de expresar simpatía. Es fácil ser descartado a los ojos de muchos trabajadores si puedes parecer no humilde o incluso arrogante y, aunque no seas consciente de eso, si desprendes una sensación de que te mereces lo que padeces o que no te mereces ayuda alguna, puedes quedarte al margen y ser ignorado. Ellos no incurren en exámenes de juicio en cuanto a sus procedimientos para filtrar y sus criterios de admisión, es más, lo tienen más que justificado y creen hacer lo correcto porque es difícil ser honesto con uno mismo cuando se está en un entorno que te ayuda a dar rienda suelta a tus creencias. Alguien ha de intervenir porque los trabajadores no coinciden en los criterios y formas de trabajar creando así un caos que ni ellos lo ven ya que, cada día se están dando la razón entre ellos en sus reuniones porque, se ha hecho la norma comportarse así; para ellos, esa norma es saber comportarse de manera profesional y ser humilde porque,  no les gustan sentirse responsables de gran cosa. En la teoría se suman todos/as pero a la práctica hacen lo contrario y el daño es irreparable. Muy a menudo estos trabajadores del sector son muy delicados y sensibles, pues no actúan obligados a seguir unos procedimientos complejos sino que, se mueven por lo que sienten y perciben según la ideología y creencia de cada uno. Por ejemplo, aparte de esos criterios subjetivos y no razonables, la capacidad de caer bien, la belleza, la seducción sexual o la emocional lo son, entre otros, variables decisivas a la hora de ser aceptado o rechazado. Es muy común ver la sensación de rechazo que experimentan muchos ciudadanos nacionales que, por sus rasgos físicos o morales, así como por sus incapacidades de caer bien, han resultado ser ignorados. Sin insultar a nadie y faltar al respeto, me atrevo a decir por experiencia propia que, también es muy común ver en los centros y programas sociales a muchos chicos y chicas extranjeros que han convertido los recursos en un modo de vida y forman parte de un ecosistema que mantiene la continuidad y razón de ser de dichos recursos. Nadie se ha percatado de este fenómeno y siempre se les tachan de fachas o racistas a los nacionales que se quejan de esta realidad que está muy a la vista. Pues yo soy extranjero y os puedo decir, por propia experiencia, que esto es verdad y que la hipocresía reina en este sector de la misma forma o peor que lo hace en el de la hostelería o el la política. Este asunto es tan delicado que nadie se atreve a sacarlo en voz alta porque los trabajadores del sector se han convertido en una especie de santos inquisidores y contra sus palabras y argumentos no hay otras que valgan. La situación es muy delicada ya que a cualquiera se le puede tachar de racista al intentar exponer críticas, pero, la verdad es que, en este sector hace falta una regulación completa y urgente; hace falta una institución que vigile y regule el comportamiento de los programas sociales, el comportamiento y conducta de los trabajadores así como el destino y eficacia de los fondos destinados al trabajo social. Que se necesita mucha atención sobre este sector, por parte de la administración y los ciudadanos, porque goza de una libertad  de despilfarro al igual que lo gozaba el ejercito en tiempos de Franco y los bancos en tiempos de Aznar, no solo provocan un agujero negro en las arcas públicas sino que no lo provoca por ayudar a quien deben, pues ayudan a otros provocando así un aumento de la tasa general de inmigrantes pobres. Es así, la razón por la cual hay mucha inmigración en este país es el modo de gestión y administración de los servicios públicos; los trabajadores del sector han creado un caldo de cultivo para muchos extranjeros que, al escuchar noticias y eventos mediante el boca a boca de que, en España hay ayudas sociales, albergues y comida gratis, se animan a cruzar la frontera y probando suerte para ganar un dinero suficiente y volver tras unos años. Se ha de ayudar y tender la mano a los nacionales antes que a los extranjeros y se debería hacer por el simple deber social y comunitario pues, si los ciudadanos tomaran conciencia de la realidad que sufre la gestión de sus impuestos y sus posibles miembros familiares, la cosa sería distinta pero todos son pasivos y por la pereza no abren siquiera los ojos. La situación de los servicios sociales es tan primitiva y olvidada que se parece a las ordenes hospitalarias de antaño que aceptaban y curraban a los que les daban las ganas, dejando muchas veces morir a miembros del mismo pueblo por ser considerados no dignos o merecedores de ayuda. La justicia de hoy en día que se da en la seguridad social o en la educación, nunca habría sido posible sin la regulación compleja de todos los detalles que implica sus existencias. ¿Cómo es posible que en más de 80% de los mejores recursos sociales incluyendo pisos, ayudas sociales, trabajos y demás sean ocupados por extranjeros que están en procesos de tramitación de papeles, permitiéndoles por parte de los responsables del trabajo social, enviar remesas de dinero a sus familiares y acumular ahorros de miles de euros; en muchas ocasiones se les financian y permiten viajes a sus países de origen por un tiempo indeterminado garantizándoles las condiciones de vivienda y recursos para la vuelta. A muchos se les permiten todo tipo de gastos y envíos de ayudas a sus familiares, así como la misma agrupación familiar. En pocas palabras, esta situación está descontrolada y la sociedad, por ignorancia y comodidad, traicionan a sus compatriotas viéndoles como a seres inferiores y haciendo de jueces morales para sus desgracias. Es una estupidez colectiva y una vergüenza a nivel nacional que una situación así exista y que nadie haga algo al respecto. No se dan cuenta de que, el hecho de que uno sea adicto, necio, vago o ignorante, nunca se le debería negar lo que por derecho comunitario le es estipulado porque, su familia contribuye a los fondos públicos y él o ella han contribuido en un momento dado. Hay miles y miles de extranjeros disfrutando de una situación cómoda y confortable garantizada por toda una estructura social mientras en la calle sufren miles de ciudadanos nacionales que, por no ser guapos, por no saber caer bien y hacer la pelota o por no bajarse los pantalones y saber adular, han quedado en la ignorancia y en la invisibilidad. Si alguien de ustedes, el día de mañana va a llegar a una situación difícil y va a tener que acudir a los servicios sociales, más vale que sepan seducir, persuadir, adular, bajar la cabeza y mostrar humildad total pero, aun así, es probable que vayan a ser descartados por otro más guapo, morenito, más simpático y gracioso. Tengan en cuenta lo siguiente, que la mayor parte de los trabajadores son mujeres, pues es un sector donde ellas abundan más por su capacidad de instinto materno y, si te muestras inofensivo y necesitado así como un niño frágil, es probable que pongan mucha atención sobre ti y te veas premiado más que a la mayoría. Pues lo que a ellas les llama para trabajar en lo social es el poder de expresar un instinto paternal sobre los pobres y tratarlos como niños. La actitud paternal reina  en todos los servicios sociales y, como alguien se muestre incómodo con el trato o no le sigan el rollo, dando a entender que es un adulto autónomo y capaz de mantenerse mentalmente como tal, lo más probable es que lo destierren a la calle y le nieguen cualquier ayuda porque pueden hacerlo ya que no hay nadie que les juzguen por ello. Con los hombres trabajadores pasa algo igual pero proporción es pequeña ya que ellos son muy pocos comparados con ellas, pues representan apenas un 20% del total. Para que se hagan una idea, el trabajo social es reservado a las niñas porque mujeres hay muy pocas, la mayoría de ellas se comportan como niñas mimadas que gozan de un poder cruel y lo ejercen según el capricho de cada momento. Hombres hay pocos y dentro de ellos, debo afirmar que el grupo de los que no valen es pequeño comparado con el total masculino. Cualquiera que ha ido alguna vez a los recursos sociales puede reafirmar eso y eso se debe a que los hombres que acuden a estudiar una carrera en este sector son más serios y asentados en sus sitios. No lo digo porque yo sea hombre y tampoco debería negarlo por temor a insultos de tipo machista y cosas parecidas; es la verdad y nada más porque, seguramente la cosa sea al contrario en otros sectores. En cuanto a ese subgrupo de hombres trabajadores en los social, si te entrevistan o llegas a depender de ellos, hay que saber no herirles los sentimientos por mostrarse independiente o bastante cuerdo e intentar aparentar como tontito. Tanto los hombres como las mujeres que trabajan en el sector tratan de manera desigual a los usuarios que atienden; a unos les destinan más tiempo, sonrisas, cariño y recursos que a otros y los criterios que hace provocar una situación u otra se escapan a la razón humana. Se sienten jueces y propietarios de suertes y milagros ya que disfrutan de total libertad en sus trabajos y creo que, hoy en día, no existe otro sector laboral donde uno pueda desenvolverse con tanta libertad de actuación y decisión. Son la mayor parte de estos "profesionales" como unos niños felices en un jardín donde hay de todo, se puede hacer de todo y no existen adultos que les manden, ya que a los adultos que se puedan encontrar en su entorno, son vulnerables y de inmediato los reducen a niños o incompetentes clasificándolos por prioridades y haciéndoles sentir como si estuvieran viviendo un videojuego. El daño hecho desde hace décadas ya está hecho y es irreparable porque, la atención que se merecieron, muchos de los actuales ciudadanos nacionales en situación de sin hogar, ha sido negada y nada se puede hacer más que tomar conciencia y hacer que la administración inicie una auténtica purga en este sector y le dé la forma de seriedad y eficiencia que se merece. El precio de  esta forma de gestión social se paga con mucha sangre y sufrimiento que no está a la vista y que cualquiera de ustedes podrían seguir pagando algún día si la varianza caprichosa así lo decide.